Margarita: La historia de un intento

Esta pudo ser mi historia. Tú historia. La historia de algún familiar. Pero no lo es. Es la historia de Margarita. Una historia simple.  Y digo simple porque a diferencia de otras películas en cartelera no hay grandes explosiones ni misterios que resolver. El asunto es sencillo: una familia. Un intento de familia: una niña con una familia disfuncional. Unos padres separados que intentan rehacer su vida cada uno por su lado. La trama no tiene más que un dato relevante: un padre despreocupado que evidencia la ausencia de un vínculo afectivo con su hija (¿por desinterés o egoísmo?).

Eso es todo. Sin embargo, la simplicidad del argumento demuestra que, efectivamente, para el arte no siempre se necesitan temas demasiado complicados o novedosos. Basta con darle una nueva perspectiva. Lo curioso es que con esta nueva forma resulta difícil decir quién es el protagonista. ¿La niña  que siente un vínculo lejano con sus padres? ¿Rafa (Giovanni Ciccia), el descubrimiento de su propio yo y el desarrollo proactivo de su paternidad? ¿La relación de ambos? ¿El problema disfuncional de la familia de Margarita? ¿La evidencia de este mismo hecho en alguno que otro personaje cercano a la niña? Tomando el lado que prefieras tienes lo mismo: una historia para todos. En la que todos nos reconocemos un poco y, también, a los nuestros.

El estreno de la película de Frank Pérez Garland (director también del film Ella y Él) se realizó el 8 de Septiembre a nivel nacional. La cinta presenta una estructura limpia, sin muchas complicaciones. Quizá se deba a que Margarita: ese dulce caos, es una comedia o, quizá, porque la vida que plantea es así: simple y sencilla. Dejando ver que nuestro caótico universo de agendas repletas puede reducirse al correcto e idílico funcionamiento a través de una sola palabra: intento. Intentar constituye el puente entre las dos partes del film.

En el ámbito del reparto, nos encontramos frente a un gran respaldo de las actuaciones: Vanessa Saba, Yvonne Frayssinet, Giovanni Ciccia, María Grazia Gamarra, César Ritter. Quizá debido a su gran experiencia o al hecho de no ser la primera vez que trabajan juntos. Sin embargo, dos escenas decaen por su inverosimilitud: La escena de Claudia (Melania Urbina) hablando con Margarita (Francisca Aronsson) sobre París. Esta parte, aunque necesaria, se hace poco grata y acorde al resto de minutos. La segunda, el regreso de Margarita para hablar con su padre antes de subir al avión. Particularmente este último hecho no tiene relación alguna con ningún acontecimiento (o indicio de este) producido en los minutos anteriores.

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Rafo, su madre y su novia.

Asuntos técnicos a mencionar: los contrapuntos son pocos, breves, pero funcionan (la lentitud de la escena de Ritter entregándole la carta a la cajera se intercambia con la de Margarita y su padre moviéndose en la escalera automática). Los enfoques y desenfoques de cámara ayudan mucho a realzar este hecho. Las características particulares de los personajes (El look o el desorden del sueño de Ritter, la vestimenta, entonación y conducta corporal de Maria Gracia, los infinitos peinados con trenzas de Margarita, así como la constante utilización del color azul, el “alcoholismo” efervescente de Ivonne Fraicinet y otros tantos detalles). La relación entre los departamentos de Rafa y Claudia (ambos con decoración vintage. En el caso del primero con un tono más casual, práctico, minimalista; en el segundo con enfoque más armonioso, colorido y distribuido).

Debe mencionarse también, junto a los excelentes cuadros de fondo parisino, la evolución del vínculo afectivo de Rafa con su hija (al inicio no podía expresarle afecto alguno). O la simbología efectiva de la cámara-lámpara – anzuelo y confín-, que se destroza al inicio y que una vez reparada ejecuta dos desenlaces: la relación entre Rafa – Claudia y el anhelado viaje a París.

Por todo esto la comedia Margarita – que yo definiría como drama por su gran presencia de humanidad – posee, singularmente, una carga de humor nacional con escenas conmovedoras y actuaciones espontaneas. En fin, una película para toda la familia que nos muestra el final feliz que a todos los que hemos sido espectadores (o personajes) de una familia disfuncional y en un país como el nuestro – donde las desigualdades son marcadas hasta en el estrato nuclear – nos gustaría ver. Resumiendo, Margarita es una  sencilla y buena historia, pero con mucho de eso que hace tanta falta hoy en día: feeling.

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