Mi amigo el dragón: Un dueto entrañable

023751Este texto intenta ser un análisis. Pero quizá termine siendo algo más: un tributo, una conmemoración. En fin, un tótem que se construye para celebrar a aquellas entrañables parejas del cine familiar. El tiempo nunca pasará en vano. Es lo cierto. Lo demuestra el desarrollo técnico, los efectos especiales y todo lo que, hoy en día, compone la difícil labor de llevar a cabo una ficción. Así, Mi amigo el dragón (2016) llega a nosotros. Como un remake basado en la versión animada que Disney lanzó en 1977.

La historia es la misma: un niño y un dragón. Su dragón. Sin embargo, el film toma un color completamente distinto si atendemos al desarrollo tecnológico que permite dar vida a la mayor cantidad de escenas de esta historia (y de muchas de las producidas en los últimos años). El conflicto radica en lo complicado de mantener una relación amical debido a que hay acontecimientos que escapan a su propia voluntad: el contexto, las reglas de la civilización, el miedo a lo desconocido (¡un dragón!), solo por mencionar algunos.

Con un buen desarrollo técnico, contrapuntos marcados y dinámicos para el desarrollo de las escenas. El enlace pertinente de una frase que define al protagonista y actuaciones bien interpretadas. Su riqueza radica en la empatía, en la relación memorable que hace evocar tantas otras películas con un desarrollo similar: la historia sin fin (1984), Free Willy (1993), Como entrenar a tu dragón (2010), un gran dinosaurio (2015).

Mi amigo el dragón nos nuestra que la magia del cine puede hacernos evocar el pasado. Regresar en el tiempo. Es cierto que hay hechos que pueden ser repetitivos (por el tipo de historia y por ser un remake). Curiosamente, es lo único que se le puede criticar. El hecho de que sea reiterativo es evidente y necesario. Porque sirve para poder traer a nosotros tantas variedades distintas de otras cintas que, de alguna forma, plantean el mismo núcleo. Convirtiéndose en un punto a favor.

Quizá sea subjetivo. Quizá se trate solo de sensibilidades. Pero al ver la cinta es inevitable no comparar la similitud de Pete y Eliot, con arlo (el dinosaurio) y el niño cavernícola con el que regresa a casa. O la historia de Fújur y Bastián Baltasar Bux, que muestran una relación muy cercana (cuyas escenas volando en el lomo del animal son idénticas a esta última). O compartir la indignación de Jesse ante el aprisionamiento de su amigo Willy, relación que se fortalece por el conflicto de la captura.

Lo cierto es que podríamos mencionar más cintas. Y todas tendrían algo cercano a este film. También es cierto que si buscas una historia original esta no es tu película. Pero si has visto alguna de las antes mencionadas, y si ellas despertaron algo en ti, no dudes que también Pete y Eliot lo harán. Con un final edificante y un desarrollo breve (el tiempo se queda corto), mi amigo el dragón celebra el vínculo de una buena amistad. De una gran historia que, como en la vida real, ocurre de pronto en medio de la normalidad para mostrarnos que lo extraordinario siempre está frente a nosotros. Solo debe mirarse con atención.

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