Diabólico: Cuando querer no siempre es poder

imagesHitchcock es uno de los cineastas más representativos. Tanto por sus historias como por la intención de siempre presentar técnicas o ideas novedosas en sus trabajos: La soga (1948), con una propuesta casi filosófica; Psicosis (1960), marcada por un predominio impecable del calderón o su cambio de protagonista y Los pájaros (1963), presentando un inesperado giro o cambio de trama. Esa intención es también la que define al film Diabólico.

Aparentemente su desarrollo propone una típica historia de terror, llena de los clichés habituales. Una casa encantada con típicas apariciones. Sin embargo, existe un intento de apostar por algo más inesperado. Un giro en la historia, que deja de lado la propuesta de una clásica película de terror para incursionar en los terrenos de la ciencia ficción.

Diabólico no tiene, en principio, concordancia con el título. Si atendemos a que las apariciones o espectros no son otra cosa que proyecciones del futuro (al menos un intento de ellas). Creo que la mejor forma de definir la singularidad del guión, que apuesta por un matiz distinto, sería el dicho “aprendiz de mucho, maestro de nada”.

Alistair Legrand intenta abarcar, de forma desafiante, más de lo que los 80 minutos de la cinta pueden soportar. La película deja varios huecos argumentales (en cuanto a motivaciones de los personajes, por ejemplo), marcados por la superficialidad con la que son tratados ciertos elementos que engloban la historia: una madre sola con dos niños que tiene un romance en ciernes con un investigador que ejerce de docente.images-1

Sumado a la rápida presentación de la historia. El motivo por el cual ocurren las apariciones y una explicación cabal de por qué provienen del futuro, son preguntas sin respuesta. O por qué la niña es la única que puede ver y “hablar” con una entidad (que ciertamente no está muerta), simulando el cliché de varias películas de terror.

A diferencia del maestro Hitchcock que utiliza el giro para presentarnos el desenlace del film y la confrontación. Alistair desarrolla un giro arriesgado hacía otro género en un intento por fomentar un espectro mayor de posibilidades para la historia y sus personajes. Sin percatarse que la presentación abrupta de los mismos y el contexto de terror en el que son presentados, sumado a las malas recurrencias del calderón en algunos casos, hacen pecar al film de superficial.

Con un estereotipado final abierto y una inexplicable resolución en la que las muertes pasan a un segundo plano, dejando espacio para una consulta sobre la coherencia lógica y cabal de todas las escenas que se presentan (también para lo que se intenta sugerir). Diabólico es el ejemplo perfecto de que el que mucho abarca poco aprieta. Que lo insulso puede ser, sin querer, el resultado obtenido de un ejercicio que desea (a través del collage y una búsqueda de formas originales) la superación o mezcla de lo habitual en dos géneros tan populares como el terror y la ciencia ficción.

Lo mejor: Jacob, sin esperarlo, llega a ser el personaje más logrado por la presencia de motivaciones nobles que son reactualizadas hacia el final con una cierta perversión.

Lo peor: Intentar hacer coexistir dos desarrollos a través de la contraposición. Haciendo que parezca más una falta de decisión del cineasta que un intento por enriquecer la cinta. El pésimo e irrelevante detenimiento de cámaras en las escaleras durante la persecución (fomentando casi la parodia).

d5

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